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Nota de prensa

Documentación ofrecida a los asistentes al COLOQUIO ANIS sobre dermatitis atópica celebrado en Madrid el 12 de marzo de 2002

Definición
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria de la piel que cursa en brotes repetidos de lesiones en la piel que pican mucho. Nunca se maligniza. No es infecciosa.
La dermatitis atópica es frecuente en todo el mundo.
En España el 10% de la población padece la enfermedad, siendo en los niños donde mayor prevalencia existe.
Se hereda. Suele asociarse a una piel más seca y que se irrita con mucha facilidad.
Otros miembros de la familia pueden tener el mismo problema en mayor o menor medida. También es frecuente que el propio paciente u alguno de sus familiares directos padezcan asma, rinitis o conjuntivitis alérgicas (al polen, al polvo o a otros productos). Al conjunto del asma alérgico, la rinoconjuntivitis alérgica y la dermatitis atópica se le denomina atopia.
El asma es un cuadro brusco de dificultad para respirar que se suele acompañar de pitos en el pecho. La rinitis es una inflamación de la mucosa de la nariz que aparece con picor y sensación de taponamiento y catarro. La conjuntivitis es un enrojecimiento de la parte blanca del ojo que se acompaña de picor de ojos y de sensación de arenilla.
Sinónimos y denominaciones antiguas. Decir dermatitis atópica o eczema atópico es lo mismo. Otras denominaciones más antiguas que ha recibido este cuadro son: neurodermatitis difusa, neurodermatitis diseminada, neurodermatitis constitucional, eczema endógeno, prúrigo de Besnier o liquen simple crónico diseminado. La palabra eccema puede escribirse indistintamente como “eccema” o como “eczema”.

¿Quiénes padecen la enfermedad?
No hay una diferencia marcada de la frecuencia de la enfermedad en ambos sexos. Cada estadística presenta ligeras diferencias a favor o en contra de uno u otro sexo.
Algunos grupos raciales presentan una mayor frecuencia de la enfermedad aunque vivan en la misma ciudad. Por ejemplo en Londres es más frecuente entre asiáticos o caribeños, en Australia es más frecuente entre descendientes de chinos que entre blancos. No se sabe si estas diferencias se deben a distintas frecuencias de los genes responsables de la enfermedad en cada grupo o a las distintas formas de vida de cada grupo racial.
La enfermedad es mucho más frecuente en familias en donde se da alguna de la enfermedades que constituyen la atopia. De hecho muchas personas padecen varias de estas enfermedades. Se ha determinado que si una persona tienen dermatitis atópica cada uno de sus hijos tiene un 40% de posibilidades de tener la enfermedad y un 25 % de tener rinitis, conjuntivitis o asma alérgico. Si ambos padres tienen dermatitis atópica la probabilidad de que cada hijo la padezca es de un 80%. No obstante la intensidad de la enfermedad de cada miembro de la familia es totalmente variable: dentro de una familia de rubios siempre hay familiares más rubios que otros.

¿Está aumentando la frecuencia de la dermatitis atópica?
Parece que al menos en los países desarrollados sí. Los estudios de la frecuencia de la enfermedad han sido revisados por Shultz-Larsen y Hanifin. Ofrecen valores en niños de un 2-3% de prevalencia en personas nacidas antes de 1960, de un 4-8% en los nacidos durante los años 60 y de 9-12% para aquellos niños nacidos tras los años 70. Otro estudio demostró una frecuencia de la enfermedad del 7 % en niños daneses en 1979 y del 18% en 1991.
Las explicaciones que se dan a este aumento son ambientales. Incluyen un aumento de las sustancias que producen alergia dentro de las casas, principalmente algunos componentes del polvo doméstico; el mayor grado de contaminantes y el declinar de la lactancia materna. De cualquier forma estos factores son teóricos y no han sido demostrados por el momento.
En España los datos sobre la frecuencia de la dermatitis atópica son muy escasos. Sí podemos decir que nuestra frecuencia es similar a la de otros países europeos. En un estudio realizado el año pasado entre 870 niños de colegios de Madrid, el 10% habían presentado algún brote de la enfermedad durante el año anterior.

¿Qué sabemos de sus causas y mecanismos?
La investigación en el campo de la dermatitis atópica es muy activa y está alcanzando grados de complejidad que la hacen difícil de entender aún a los especialistas. Sin embargo, si hay algunos datos que parecen claros y trataré de explicarlos.
La dermatitis atópica tienen una base inmunológica. Es decir hay un desequilibrio en las células que mantienen las defensas del organismo, de forma que la persona reacciona de forma exagerada a estímulos ambientales (sustancias que producen alergia, sustancias que irritan, gérmenes, estímulos emocionales, sudoración...)
Se conoce cada vez mejor cuál es el tipo de glóbulo blanco, los linfocitos T colaboradores de tipo 2 (linfocitos Th2), que son los que están excesivamente activados. Estas células son el centro de toda una complicada red de interacciones con otras células inflamatorias (otros tipos de linfocitos T, linfocitos B, células presentadoras de antígenos, mastocitos, eosinófilos...) Al final, la estimulación de estos linfocitos Th2 produce una gran cantidad de productos que producen inflamación de la piel.
Así mismo esta actividad de los linfocitos produce un aumento de la velocidad a la que crecen y se dividen las células de la capa superficial de la piel (la epidermis). También produce un cambio en la estructura de las grasas superficiales de la epidermis con lo que el agua que contiene esta capa tiende a evaporarse, dejando un aspecto más seco de la piel.
Por otra parte el picor producido por la liberación de diferentes sustancias desde las células inflamatorias (mastocitos, eosinófilos, linfocitos...) hace que el paciente se rasque de forma intensa. Con el rascado se produce un estímulo directo a las células de la epidermis, lo que activa su división, y las hace producir otras sustancias que estimulan a los linfocitos T. Con ello se cierra el ciclo: a mayor picor mayor rascado y a mayor rascado mayor picor.
La dermatitis atópica tiene una base genética que predispone a tener la enfermedad. Sobre esta predisposición continua existen circunstancias que determinan la aparición de los brotes de inflamación y picor en la piel.

¿Qué signos y síntomas presenta?
La dermatitis atópica es una enfermedad crónica que cursa en brotes con lesiones que pican y que se entremezclan con signos de rascado. Se caracteriza por lesiones eczematosas: granitos rojizos y burbujitas con líquido, y/o placas de piel engrosada. En los bebes predominan las lesiones húmedas (que echan agua) y más agudas, mientras que en los escolares y los adultos las lesiones más frecuentes son lesiones rojizas, secas y escamosas que pican mucho y algunas veces están engrosadas.
Fase del lactante
Hasta el 75% de los pacientes tienen las primeras manifestaciones antes de los dos años. Las lesiones no suelen aparecer hasta el tercer mes de vida. Las de inicio precoz son algo más frecuentes en varones. Aparecen en mejillas y cuero cabelludo aunque pueden extenderse al resto de la cara y posteriormente por tronco y miembros. La zona del pañal suele quedar libre de lesiones. El término costra láctea se emplea para las lesiones con escamas de cuero cabelludo. Durante la fase de gateo las rodillas pueden estar muy afectadas.
Las lesiones pican mucho y cuando el niño comienza a coordinar los movimientos se cubren de lesiones de rascado. El bebé está intranquilo, sufre de crisis de llanto, agitación nocturna y no puede dormir. La sobreinfección de las lesiones es frecuente. Pueden aparecer ganglios cerca de las lesiones.
Fase de la infancia (2-10 años)
Puede ser la continuación de la fase del lactante o comenzar de nuevo. Existe una sequedad cutánea marcada. Las lesiones se hacen más frecuentes en los grandes pliegues de los miembros, la nuca, el dorso de las manos y los pies. Las lesiones de la cara suelen curar o hacerse menos intensas salvo alrededor de la boca. La tendencia de las lesiones es a hacerse menos húmedas.
Fase de la adolescencia y adulto
Menos del 10% de los pacientes debutan tras los 10 años.
Las localizaciones más frecuentes son la cara (frente, párpados, zona perioral) la nuca, el pecho, los hombros, los pliegues de los brazos y las piernas y el dorso de las manos.
Puede haber afección del cuero cabelludo, con enrojecimiento y descamación. El pelo suele ser seco y sin brillo. Tanto en hombres como en mujeres puede existir una caída de pelo temporal.
La cara puede presentar lesiones enrojecidas y escamosas sobre un tono de piel algo más pálido del habitual. Las cejas suelen tener las colas algo adelgazadas.
El picor es el síntoma principal de la dermatitis atópica. Puede desencadenarse en forma de ataques agudos y ser el causante de insomnio, agotamiento y dificultad de concentración. A causa del rascado continuado las uñas pueden mostrarse sin brillo.
En los casos menos intensos puede haber lesiones más localizadas sobre todo en el dorso de las manos y de los pies, la cara o los pliegues. En estos casos la inflamación suele ser menor y tras un periodo descamativo puede dejar a unas lesiones residuales blanquecinas.
En los casos de dermatitis atópica del adulto los brotes tiende a persistir mucho tiempo para ir disminuyendo paulatinamente en intensidad a partir de los 30 años. A veces las lesiones van localizándose en las llamadas “formas especiales”.

Formas especiales o menores
Este tipo de lesiones puede formar parte de los cuadros más intensos, pero en otras ocasiones se presentan como única manifestación del proceso.
1- Queilitis. La reacción inflamatoria y descamativa de los labios que se acompaña de picor, y sensación de tirantez y sequedad. Obliga al individuo a humedecerse continuamente los labios con la lengua lo que se aumenta el cuadro. En los casos intensos la reacción rebasa la mucosa labial afectando la zona perioral.
2- Orejas. En el surco de detrás de las orejas es frecuente encontrar enrojecimiento e inflamación.
3- Pulpejos de los dedos. Pueden verse manchas rojizas cubiertas por escamas finas y firmemente adheridas que recuerdan las vistas en la tiña.
4- Dermatosis plantar juvenil. Sería una manifestación semejante que afecta a la palma. Es frecuente en niños y adolescentes.
5- Vulva. Las placas de piel engrosada que pican mucho en la vulva son bastante frecuentes en la dermatitis atópica.
6- Picor anal y genital crónico. Existe en el 50% de los casos de adultos.
7- Lesiones tipo prúrigo. Son granitos con el centro cubierto por una costra de sangre. Frecuentes en la fase adulta.
8- Eczema numular o con forma de monedas distribuidas por cualquier zona del cuerpo.
9- Eczema atópico de manos. La localización en las manos aparece en el 70% de los pacientes con EA. Las presentaciones más frecuentes son las placas enrojecidas, con burbujitas, escamas y a veces con grietas que se localizan en el dorso de la mano y en los laterales de los dedos. Aparecen más en personas que se lavan mucho las manos o tienen trabajos húmedos.
10- Pitiriasis alba. Máculas blanquecinas de límites imprecisos y superficie finamente escamosa en cara o miembros superiores.
11- Eczema del pezón y las areolas. Puede presentarse de forma aislada, sobre todo en adolescentes.


¿Cómo sabe mi médico que tengo dermatitis atópica?
El diagnóstico de la dermatitis atópica es clínico. Es decir, se realiza a través de las preguntas que le efectuará su médico sobre la propia enfermedad, sobre sus antecedentes y los de sus familiares así como por la exploración de la piel.
La mayor parte de las veces el diagnóstico es sencillo de realizar para un especialista y éste lo hará sin realizar ninguna prueba complementaria.
En casos especiales puede ser necesario descartar determinadas alergias añadidas al cuadro o diferenciar este proceso de otras alteraciones de la piel. En estos casos se le indicaran cultivos de la piel, pruebas alérgicas, análisis de sangre o incluso toma de una muestra de piel para su estudio microscópico.

¿Cómo evoluciona?
La dermatitis atópica tiene una base genética, y tiende aparecer muy pronto. Las estadísticas nos enseñan que el 50 % de los casos comienzan en el primer año de vida y el 80% en los 5 primeros años. No obstante, existen casos de comienzo en la edad adulta. A pesar del comienzo precoz las primeras semanas suelen estar libres de lesiones.
Los brotes de la enfermedad pueden aparecer en cualquier momento de la vida, pero la frecuencia de los mismos va disminuyendo con la edad. La actividad de la enfermedad tanto por número de brotes como por la intensidad de los mismos suele irse reduciendo con los años. De nuevo las estadísticas afirman que el 35-40 % de los niños con dermatitis atópica quedan inactivos a partir de los 4-5 años de vida. De los que continúan con lesiones, aproximadamente otro 40% se inactivan tras la adolescencia. Sin embargo muchos adultos que no han presentado lesiones durante años tienen episodios de eczema en las manos de vez en cuando.
La intensidad y la duración de cada brote de lesiones son imprevisibles. También la duración de cada periodo de inactividad de la enfermedad es variable. El paciente puede pasar periodos muy largos sin tener nada, seguidos de otros con brotes casi continuos.

¿Qué se puede hacer para mejorar?
La dermatitis atópica no se cura definitivamente en el momento actual. Aún no podemos cambiar los genes que producen la predisposición al eczema que padecen estas personas, pero sí podemos mejorar el picor, la inflamación y el aspecto de las lesiones. Para ello hay que combatir los desencadenantes de la dermatitis atópica, cambiando las costumbres y el ambiente en el que vive el paciente, y utilizar los distintos tratamientos de los que disponemos y que combaten las lesiones que ya se han producido.
Existen una serie de consejos genéricos que realizamos para todos los pacientes y que tratan de controlar los desencadenantes conocidos de la enfermedad. Algunos son muy fáciles de seguir, otros mucho más complicados. En general crean las condiciones necesarias para que el tratamiento con medicinas haga su acción rápida y completamente.

El tratamiento de la enfermedad es una especie de escalera en la que vamos subiendo peldaños según nos va obligando la intensidad de cada uno de los cuadros. Hay que individualizar las distintas posibilidades para cada paciente e, incluso, para cada brote.
Su médico irá adaptando el tratamiento a cada situación e irá sopesando las ventajas y los posibles inconvenientes de cada uno. Por ello es vital que se cree una relación periódica entre el paciente y su médico.

De una forma general el tratamiento de la dermatitis atópica seguiría los siguientes pasos:

Cuadros leves: cuidados generales. De todos ellos son particularmente importantes los referidos a hidratar la piel y a no irritarla.
Cuadros moderados o con picor intenso: añadimos un antinflamatorio en forma de crema o pomada (generalmente un corticoide) y un antihistamínico por vía oral. En Japón y Estados Unidos ya está disponible el primero de los “inmunomoduladores tópicos”, el tacrolimus. En Europa se espera que esté disponible en los próximos meses. El tacrolimus tiene la actividad antinflamatoria de los corticoides tópicos sin producir alguno de sus efectos secundarios.
Cuadros intensos, muy extensos y rebeldes al escalón previo: se recurre a los corticoides por vía oral. Son productos muy efectivos, pero deben reservarse para casos graves, y tratar de emplearlos durante tiempos cortos y a las menores dosis posibles.
Otras alternativas incluyen el tratamiento con luz ultravioleta o el uso de inmunosupresores, como la ciclosporina por vía oral. Estas alternativas tienden a emplearse cuando los ciclos de corticoides por vía oral se repiten mucho o si no pueden emplearse.

Nota: no he hecho mención a tratamientos experimentales o que no han sido aceptados por las autoridades sanitarias en ningún país.

Consejos para el cuidado de la piel de los pacientes con dermatitis atópica.

HIGIENE.
-La ducha o el baño debe realizarse una vez al día, con agua tibia. Tras ello hay que secar sin frotar y aplicar un aceite especial o una crema emoliente. La vaselina líquida es una buena opción.
-En los casos más extensos es preferible el baño, no más de 10 minutos, y utilizando una sustancia coloidal recomendada por su dermatólogo.
-Utilice jabones extragrasos o de avena.
-Corte bien las uñas y manténgalas limpias para evitar infecciones microbianas por el rascado.
-Intente mancharse lo imprescindible, usando guantes u otras medidas protectoras. El exceso de agua y los limpiadores es nocivo para su piel.
-El sudor macera la piel. Lávese en cuanto termine de hacer deporte o ejercicio físico intenso, hidratándose con crema hidratante tras el lavado.

VESTIMENTA Y CALZADOS.
-La ropa en contacto con la piel (también de la cama) debe ser de fibras naturales (algodón, lino...). Evite las de lana o fibras sintéticas: son más ásperas e inducen a picor.
-Puede lavar a máquina la ropa, pero aclárela bien, con un centrifugado extra. No emplee suavizantes.
-Cambie los pañales de su hijo en cuanto estén húmedos.
-El calzado debe ser de cuero o tela, y bien aireado. Evite llevar calzado deportivo un tiempo prolongado. Utilícelo sólo para hacer deporte. Los calcetines y las medias deben ser de algodón o hilo. Evite las medias de nylon o lycra.

ALIMENTACION.
-Puede comer de todo, no hay ningún alimento contraindicado en la mayoría de los pacientes. No obstante, si nota empeoramiento tras comer alguno de ellos, consúltelo con su dermatólogo.

VARIOS.
-Intente evitar el exceso de calor y cambios bruscos de temperatura. Ventile bien las habitaciones. No eleve demasiado la temperatura con la calefacción. La temperatura ideal está alrededor de los 20.
-Evite el polvo en su habitación (alfombras, moquetas, cortinas, edredones de plumas). Pase la fregona si es posible, es preferible al barrido.
-Puede bañarse en el mar o la piscina siempre que cuando salga del agua hidrate la piel con sus emolientes (crema hidratante). Si tiene muchas lesiones evite el baño.
-Utilice un fotoprotector adecuado cuando se exponga al sol. El bronceado puede resultar nocivo a largo plazo para cualquier persona. Si suda durante sus intentos de broncearse empeorará sus lesiones cutáneas.
-Evite los productos de limpieza irritantes. Utilice guantes de goma y algodón para realizar las tareas domésticas.

Información elaborada y cedida a ANIS por el Dr. J. Ortiz de Frutos, médico del Servicio de Dermatología del Hospital 12 de Octubre de Madrid.



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