Nota de prensa

• La cerveza podría tener, por su alto contenido en polifenoles, un mayor efecto protector que las bebidas pobres en estos compuestos

• El V Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología de los Alimentos presenta en su ciclo de ponencias las conclusiones de diversas investigaciones sobre bebidas fermentadas y su relación la salud

Murcia, 28 de mayo de 2009-. El consumo moderado de bebidas fermentadas (cerveza, vino o sidra) podría tener beneficios adicionales en la prevención de ciertos tipos de enfermedades, debido al importante contenido en polifenoles. Estas han sido las principales conclusiones presentadas a lo largo de la ponencia del Prof. Jesús Román Martínez, Presidente de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), durante el ciclo de charlas organizado hoy en el V Congreso Nacional de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, en Murcia.

El Prof. Jesús Román Martínez expuso, entre otras, las conclusiones de la investigación dirigida por la Dra. Victoria Valls, del Departamento de Pediatría, Obstetricia y Ginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, sobre la biodisponibilidad de los flavonoides de la cerveza. Según este estudio, “el efecto beneficioso de la salud atribuido a las bebidas fermentadas tradicionales, como la cerveza, no se debe exclusivamente a la presencia de alcohol, sino a su contenido en flavonoides, antioxidantes naturales presentes en la cerveza”. Además, según esta investigación, la suplementación de cerveza sin alcohol puede aconsejarse en la dieta de sujetos con hipercolesterolemia para mejorar los parámetros marcadores de estrés oxidativo, implicados en la enfermedad aterosclerótica.

En su opinión, “para poder hacer frente al estrés oxidativo provocado tanto por agentes endógenos de la propia célula como por agentes externos, debemos incluir en nuestra dieta alimentos ricos en antioxidantes naturales de origen vegetal que se pueden encontrar en frutas y verduras o en bebidas fermentadas de origen agrario como la cerveza, tomada de forma moderada”.

El Profesor Jesús Román Martínez expuso también las conclusiones de varios estudios que analizan el papel de las bebidas fermentadas en la prevención de enfermedades cardiovasculares. Según estos trabajos, el consumo moderado de bebidas fermentadas, como la cerveza, “se asocia a una disminución del riesgo de infarto de miocardio y de otras patologías cardiovasculares”.

Como conclusión a los datos presentados sobre la cerveza el Prof. Martínez recordó que, “si bien es sabido que el consumo abusivo de alcohol puede tener efectos negativos en la salud, existe un notable consenso entre la comunidad científica mundial sobre los efectos beneficiosos del consumo moderado de bebidas con contenido alcohólico sobre la mortalidad global y la cardiovascular en particular”.

CERVEZA Y DIETA MEDITERRANEA

Otra de las conclusiones principales desarrolladas a lo largo de la charla ha sido que el consumo moderado de bebidas fermentadas puede formar parte de una alimentación saludable como la Dieta Mediterránea actual, por las propiedades que les confieren su baja graduación y las materias primas con las que están elaboradas.

Por este motivo, ha asegurado Martínez, la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), incluye en la Pirámide de la Alimentación Saludable –principal referencia en materia nutricional de nuestro país- las bebidas fermentadas (cerveza, vino, cava o sidra) de forma opcional y moderada.

La Dieta Mediterránea es quizá el modelo alimentario más saludable del planeta, hecho corroborado por numerosos estudios epidemiológicos y experimentales de nutrición que muestran que los países del Mediterráneo gozan de tasas de morbilidad por enfermedades crónicas más bajas y esperanza de vida más elevada.

LA CERVEZA EN LA ANTIGÜEDAD

Desde su origen hace miles de años la cerveza no sólo ha sido una parte importante de la dieta de diferentes civilizaciones, sino que además ha estado muy vinculada a diferentes fines terapéuticos.

Las primeras referencias históricas, hace más de 6.000 años, demuestran que la cerveza era consumida por los sumerios con el objetivo de evitar enfermedades infecciosas que se adquirían al beber agua no higienizada.

El primer historiador, el griego Herodoto, siguiendo las prácticas medicinales de los egipcios, destacó las propiedades de esta bebida al asegurar que era muy apropiada para los dolores estomacales y para la picadura de escorpión. Además, relata que las mujeres egipcias, muy preocupadas por su belleza y grandes expertas en cosmética, utilizaban la espuma de la cerveza para ungirse y conservar el frescor natural de la piel, algo que descubrieron también las mujeres que habitaban en la Hispania romana de hace 2.000 años como describió Plinio el Viejo: “quorum spuma cutem feminarum in facie nutrit”.

Tanto los griegos -que la llamaban “zythos”- como los romanos -que la denominaban “cerevisia”, de Ceres, diosa griega de la agricultura- continuaron utilizando la cerveza en todos sus imperios. Hipócrates, padre de la medicina, alabó esta bebida asociándola con importantes beneficios saludables: “la cerveza es un calmante suave que apaga la sed, facilita la dicción, fortalece el corazón y las encías”.

Galos y germanos perfeccionaron la técnica de fabricación original con métodos similares a los actuales. En la Edad Media, los monjes -que tuvieron el monopolio de la cultura y la ciencia- se dedicaran no sólo a la fabricación de la “cerevisa monacorum” en sus monasterios y abadías, sino que la mejoraron y obtuvieron nuevas variedades desconocidas hasta entonces. Como botánicos destacados, los religiosos fueron posiblemente quienes introdujeron el lúpulo como nuevo ingrediente, marcando el paso de la cerveza antigua a la moderna asegurando así su conservación durante más tiempo.

Desde la antigüedad, el lúpulo se ha empleado en la medicina tradicional para tratar distintas dolencias y enfermedades por su acción antibacteriana -desinfectaba el agua con la que se hacía la cerveza-, su actividad antiinflamatoria y sus propiedades sedantes y diuréticas.

Para más información:
Estefanía Lacarte/Francisco Calderón
Centro de Información Cerveza y Salud (CICS)
Tel: 91 384 67 54



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