Las 141 preguntas del Fórum (56): «La sumisión de la mujer en los países islámicos, ¿imposición de Dios o del hombre?». La abogada y premio Nobel de la Paz 2003, Shirin Ebadi, ha explicado la lucha que las mujeres llevan a cabo en los países islámicos para defender sus derechos. Ebadi, que fue apartada de la judicatura iraní después de la revolución islámica de Jomeini, ha defendido la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y ha criticado las interpretaciones machistas del islam: «Allí donde no se respetan los derechos de las mujeres no se puede hablar de democracia».
«La situación de la mujer en la mayoría de países islámicos no es muy favorable. Un hombre se puede casar con cuatro mujeres, pero la mujer, en cambio, sólo puede heredar la mitad que un hombre. Son situaciones injustas.» Shirin Ebadi, que ha reconocido que la situación de la mujer no es igual en todos los países islámicos, ha citado la discriminación que se comete en Arabia Saudí, en donde a las mujeres no se les permite conducir vehículos.
Ebadi ha centrado su intervención en la situación de la mujer en su país natal, en donde «el valor de una mujer es la mitad que el de un hombre». La abogada iraní ha explicado, por ejemplo, que el testimonio de una mujer en un juicio vale la mitad que el de un varón. Cuando se critica esta situación, ha dicho Ebadi, se aduce que «esas son las leyes del islam y no se pueden cambiar. Pero no es verdad, es tan sólo una excusa para poder pisar los derechos de las mujeres. El islam no dice nada de eso porque la situación de las mujeres no es la misma en todos los países islámicos. Es una cuestión de machismo. La cultura machista no acepta la igualdad entre los seres humanos; sostiene que el hombre es racional y la mujer, emocional».
«Antes de la revolución islámica una mujer podía llegar a ser juez. Después lo prohibieron. Se sostuvo que las mujeres no podían juzgar.» Esta fue la situación que sufrió, precisamente, la propia Ebadi. Formada en derecho en la Universidad de Teherán, formó parte de los tribunales de la capital iraní entre 1975 y 1979, cuando fue defenestrada por la revolución del ayatolá Jomeini. «Después de trece años de lucha finalmente se ha reconocido que las mujeres pueden llegar a ser jueces en mi país. Si hubieran interpretado correctamente el islam, ya haría tiempo que se habrían dado cuenta de que las mujeres sí pueden ejercer esta responsabilidad», ha afirmado. En su opinión, «la cultura machista es injusta con las mujeres y no acepta la democracia».
Después de afirmar que «allí donde no se respetan los derechos de las mujeres no se puede hablar de democracia», la última premio Nobel de la Paz se ha dirigido al numeroso público que se concentraba en el escenario de la Haima para preguntarles si conocían algún país «en donde la ley mantuviese que las mujeres tienen la mitad de valor que los hombres».
Respecto al velo y la polémica sobre su uso por parte de alumnas musulmanas en los países occidentales, como por ejemplo Francia, Ebadi ha afirmado –en respuesta a una pregunta del público– que «a las mujeres hay que darles la misma libertad que a los hombres para ponerse la ropa que quieran. Tan negativo es exigirles que no usen el velo como que en algunos países islámicos les obliguen a ello. Según ciertos intérpretes del islam, llevar velo debería ser opcional. En Francia sostienen que las chicas que quieran usar velo tienen que ir a un colegio islámico. ¡Pero lo cierto es que en todo el país sólo hay uno o dos! Esta situación sólo va en contra de la propia educación de las mujeres. Yo estoy en contra de toda imposición, en un sentido o en otro».
En opinión de Ebadi, «en la Edad Media también el cristianismo sostenía cosas que hoy serían inaceptables para los cristianos. Galileo –ha afirmado– pagó un precio muy alto por defender que la Tierra giraba alrededor del Sol, y no al revés. ¿Qué ha pasado desde entonces? ¿Ha venido un nuevo Cristo? No. Era una mala interpretación. Los musulmanes lo que queremos es una interpretación moderna del islam». En respuesta a una pregunta de una joven asistente del público, que ha mostrado su vergüenza por la manipulación a la que son sometidos, en su opinión, los ciudadanos occidentales respecto al islam, Ebadi ha explicado que «el islam, como toda religión, tiene sus aspectos positivos. Por ejemplo, aportar una quinta parte de los excedentes de la riqueza familiar a los pobres».