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Autor: José Cervera
(jcervera@iname.com)
Perogrullo.com
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Las conclusiones del estudio no dejan lugar a dudas: en los medios
de comunicación tradicionales' se habla (con honrosas pero
raras excepciones) poco y mal de Internet. Y no debiera extrañarnos;
la ignorancia, el rechazo y el creciente peligro que representa
la Red para el negocio de la información son una mezcla letal.
Se habla poco de la Red en los medios más
masivos de todos, en sus 'primos' tecnológicos, la radio
y la televisión. Y cuando se hace se destacan las anécdotas
llamativas (y negativas; somos periodistas), o bien se aprovecha
el inagotable ingenio popular para llenar horas baratas de programación.
No debiera ser malo; tampoco se habla mucho del teléfono
en la televisión. Si el silencio fuese, como el telefónico,
un silencio ovino, debido a que la tecnología en cuestión
es ya normal, corriente, no noticiosa, sería bueno. Indicaría
que en los medios electrónicos, y en el gran porcentaje de
población que se informa con ellos, Internet ya no es noticia
por sí misma.
Sería un silencio de corderos.
Pero cabe la sospecha de que se trata de
un silencio de lobos
No conozco periodista que, a estas alturas, sea
escéptico de Internet. Todos la usan en mayor o menor medida;
se ha incorporado en pocos años, tras un breve periodo de
reticencia inicial, como una herramienta más del trabajo
redaccional. Y una de las más poderosas. Con sus problemas,
sus defectos, y sus virtudes; capaz de ahorrar esfuerzos y de permitir
el acceso a
información antes vedada, pero que hay que usar con mucha
cautela pues a veces valorar los datos que ofrece no es un ejercicio
sencillo. Y más de una vez da más de un disgusto.
Pero es tan potente que los profesionales aprenden a usarla, y la
usan. Y cuando lo hacen con normalidad, descubren su idiosincrasia,
y la aceptan. Se convierten en internautas.
Sin embargo los internautas no se dedican sólo
a intercambiarse chistes y hablar de hackers y piratas. Algunos
medios sí que lo hacen, empero. ¿Dónde está
entonces el misterio, si esos periodistas son habitantes del ciberespacio?
Ah; pero los redactores de base no deciden qué
es noticia y de qué forma se enfoca. Eso es cuestión
de otros señores (casi siempre), también periodistas,
pero con un toque de directivos de empresa. Se llaman directores,
y redactores jefe. Pocos de ellos son tan fluidos en el uso de
la Red como sus redactores. Y siguen considerando la tecnología
como levemente sospechosa.
Con buenas razones: en general su torpeza en el
uso del ordenador es legendaria. Muchos de ellos empezaron con máquinas
de escribir (o tallando runas en granito, parece a veces), y siguen
echando de menos su tableteo. Tienden a desconocer la Red y a moverse
por ella con rigidez, sin confianza. Les llaman la atención
cosas ya superadas, riesgos que un internauta avezado sabe controlar,
rumores que el habitual sabe descontar.
Y luego está el riesgo
Cualquiera que se pare a pensar sobre el tema (y,
pese a las apariencias, los ejecutivos de medios piensan, y mucho)
se da cuenta de la amenaza que la Red supone para la actual estructura
de los medios de comunicación tradicionales. Puede mejorar
sus productos, sí, y ampliar su mercado; pero apunta una
estaca sobre el corazón económico de los grandes
conglomerados mediáticos. Estos enormes grupos empresariales,
ya en retirada antes de la Red, se dan cuenta de que ésta
supone la puntilla a su modo de hacer las cosas, el fin de su existencia
misma. La información fluirá, se creará y transformará,
pero su economía será completamente diferente, como
ya lo es su sociología (y ya está empezando a ser
su política). No habrá más medios periodísticos
de pago; la publicidad será diferente; la relación
periodista/periódico cambiará radicalmente; se acabarán
las empresas enormes, y con ellas los ejecutivos todopoderosos y
multimillonarios... ay. Como la marea, no se puede parar (aunque
hasta hace poco lo pareció, y hay quien aún lo intenta).
Pero se puede retrasar
Se puede minimizar, convertir en marginal, desestimar,
marginalizar; se puede intentar que la gente de ley tarde en apreciar
su valor, desconfíe, lo considere un asunto generacional,
cosa de niñatos y niñatas. Se puede crear un estado
de opinión entre condescendiente y desconfiado, que indique
que la Red no es un buen sitio para buena gente, que es un poco
peligroso, y además poco serio. Se puede hablar poco de ello,
y cuando se hable, tan sólo de piratas y chistes.
No es una conspiración; no se dan consignas
ni órdenes por escrito. Los dueños de los medios no
se reunen en secretos conciliábulos con sus directores y
redactores jefe para decirles que es necesario envilecer esta amenaza,
demonizar este enemigo, atacar a este rival. Todo es mucho más
sencillo; ninguno de ellos recibe broncas por cubrir poco la Red,
nadie propone en las reuniones de redacción enfocar los temas
de otra manera, el jefe jamás felicita por una información
sobre Internet... Y como el 'verdadero' enemigo, el periódico,
revista, radio o televisión de enfrente tampoco cubre bien
la Red; tampoco se esfuerza y nos deja en ridículo...
¿para qué cambiar? Con lo que eso cuesta.
Y así nace un silencio. Pero es un silencio
predador, enemigo, adversario. Es un silencio culpable con intenciones
oscuras, y mantenido por gentes con intereses en la balanza. Es
el silencio de los lobos.
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