Pues resulta lo que muchos sospechaban:
esto de Internet tiene bastante mala prensa. Es impresionante
que en el primer medio de difusión de masas, la dichosa
televisión, el número de noticias que contribuyen
a una imagen positiva de la Red (56%) es muy parejo al de noticias
que generan una imagen negativa (44%). Y como esto de la transición
de lo analógico a lo digital es ante todo una cuestión
cultural y los medios de comunicación tienen un papel preponderante
en la formación de esta cultura, pues resulta que España
es la 28 potencia del mundo en tecnologías de la Información,
o dicho de otra manera, que la octava potencia del mundo en términos
absolutos por su capacidad de generar riqueza no es, ni de lejos,
una potencia en las tecnologías que predeterminarán
la competitividad de pasado mañana por la mañana.
O reaccionamos o este país de nuevos ricos prematuramente
satisfechos va a dejar de ser rico muy pronto. El Indice de Acceso
Digital que acaba de hacer público la International Telecommunication
Unión (ITU) nos sitúa por detrás de Eslovenia,
Chipre y Estonia. Ya puede el Ministerio de Ciencia y tecnología
gastarse el dinero a manos llenas, que mientras no cambiemos algunos
parámetros culturales, seguiremos enganchados al farolillo
rojo. Habrá que empezar por hacer una campaña de
comunicación entre profesionales de la información.
La paradoja es que los profesionales que más interesados
estarían en seguir con toda atención una mutación
que cambia las bases de su trabajo, proporcionándoles una
herramienta de dimensión insospechada, son aquellos que
más contribuyen a atizar el fuego de los quemadores de
telares. ¿Qué está pasando?
Pues, entre otras cosas, que los profesionales de la información
ven Internet COMO UNA AMENAZA. Cuando los gurús de turno
predican sobre el final del monopolio informativo, del privilegio
de los periodistas y de las empresas de medios de masas para determinar
lo que es noticia y lo que no, de la democratización al
infinito de la transmisión de la noticia, etc., pues el
profesional echa mano de su cartera y se aferra a un oficio cada
vez más devaluado, cada vez más tormentoso, cada
día más tenebroso e incómodo. Estamos en
un círculo de falsas verdades.
En la era digital, la noticia, el dato, es una "commodity"
de coste cero, tiende a la hiperabundancia y la gratuidad. Pero
el conocimiento es el fluido vital de la economía postindustrial
avanzada. El cielo será de aquellos que organicen la información,
que la sintetice, que la segmente, que la dirija a públicos
específicos hasta hacerla personal. Y los periodistas,
son en principio, los profesionales más cercanos para esta
tarea vital. Eso sí, tendrán que desarrollar una
cultura digital, multidisciplinar, en adaptación perpetua,
un nuevo tipo de profesional que, desgraciadamente, no está
siendo atendido en las escuelas de periodismo tradicionales. Para
no ser la víctimas del cambio, como lo están siendo
hasta el momento, los periodistas deben encabezar la marcha. Compañeros,
sin miedo.