Acceso.com. Seguimiento de medios: prensa, radio, televisión, internet y análisis de información. Herramientas para el comunicador: publicación de notas de prensa y convocatorias.

Prensa Contacto Mapa del sitio Quiénes somos Ayuda
versión accesible para ciegos haz click aquí
Acceso.com: Soluciones para el profesional de la comunicación
 
 
 
  
  
  
 

INTRODUCCIÓN
COBERTURA MEDIÁTICA Y TONO INFORMATIVO:
  Cobertura por medios
  Promedio informaciones por día
  Tono informativo. Ejes de comunicación, temas/mensajes informativos
  Ranking de personajes, menciones por tono informativo
OPINIONES DE LOS EXPERTOS
  Rafael Chamorro
  Pepe Cervera
  José Luis Orihuela
  Próspero Morán
  Juan Gonzalo
  Miguel Pérez Subías
  Eduardo Pedreño
  Jesús Valbuena
NOTA DE PRENSA



Opiniones de los expertos

Propuestas para la (auto)crítica constructiva

Autor: Juan Gonzalo (*)



Me piden que haga una valoración de la cobertura tecnológica que realiza la prensa española a propósito del estudio, basado en medios escritos, realizado por Acceso sobre ese ámbito del periodismo.

La primera matización que considero necesaria es que no me considero ningún experto en ese campo, y la única justificación de este artículo se basa en mi pasión por esa faceta profesional, que espero compartir con los lectores del estudio. La segunda matización, en el espíritu de "full disclosure" o transparencia absoluta que debería presidir nuestro ejercicio profesional, es que, al ser el periodismo tecnológico mi especialidad, tengo muy presente que cualquier carencia, punto débil o crítica (constructiva) me atañe tanto a mí como al resto de mis compañeros y a los medios en general.

Dicho esto, ofrezco algunas reflexiones, a modo de los RFC que apoyaron el desarrollo de los protocolos de Internet, que espero susciten comentarios cargados de complicidad o de sana discrepancia.

1. El valor de las (h)referencias

Sin ánimo de caer en el papanatismo, quiero citar algunos ejemplos de modelos de comunicación cuyo indudable valor como referencia no ha sido, en mi opinión, suficientemente aprovechado por los periodistas y los responsables de la información tecnológica en los medios españoles.

Recientemente, la publicación electrónica Wired News recibió el enésimo reconocimiento a su labor informativa por parte de los usuarios que participaron en la votación de los Webby Awards, en la categoría People's choice (la elección del pueblo). Buena parte de la comunidad informática se entera antes de un posible agresión a su intimidad en los foros de Barrapunto.com o Slashdot.org que en cualquier medio escrito, generalista o especializado. Los buitres de la publicación británica The Register están más enterados sobre la evolución de los fabricantes de microprocesadores (y de equipos informáticos en general) y su relación con las empresas de programas y las fuerzas de seguridad -dos temas clave- que los grandes medios.

No está nada mal, si tenemos en cuenta el proverbial desprecio de la prensa de papel hacia los medios electrónicos (incluso a los de su propiedad), una actitud que sólo puede estar basada en la ignorancia acerca de sus posibilidades como medio de comunicación y en su consideración como meras fuentes de beneficios vía publicidad, patrocinios, acuerdos financieros o posición en las clasificaciones de audiencias.

De ese desprecio o desconocimiento se deriva la incapacidad para extraer conclusiones y reflexionar sin complejos sobre cómo se debe cubrir una información o qué tipo de temas preocupan a los ciudadanos.

Esta realidad, de la que todos somos responsables según nuestro nivel de vinculación con el proceso de toma de decisiones en una redacción, implica que a nuestros lectores se les están ocultando informaciones que afectan, de manera creciente, a su vida laboral, a sus libertades y derechos fundamentales, a sus oportunidades de cualificación personal y profesional y a su integración en la sociedad.

Creo que no hay más que echar un vistazo a alguna de las publicaciones quehe citado anteriormente para darse cuenta de que en España abunda el refrito, las traducciones injustificadas, el plagio descarado (en ocasiones, dentro de una misma organización), la reproducción de artículos de agencia que nunca debieron ser distribuidos, por su patente falta de rigor, a los abonados...

Es duro fijarse en un modelo donde el listón -pese a sus imperfecciones- está tan alto, pero así es como se hace buen periodismo: fijándose en los que lo hacen mejor.

2. La calidad tiene un precio

Algunos de esos defectos, que todos estamos interesados (creo) en subsanar, dependen, en gran medida, de la inversión que un medio esté dispuesto a realizar en un área informativa. Muchos redactores jefe, subdirectores y demás personal directivo están convencidos de que se puede hacer información sobre tecnología con dos duros, con dos becarios o con dos teletipos cualesquiera (sin hiperenlaces, sin información de contexto, sin ser contrastados, sin declaraciones).

Esta mentalidad centenaria (la del 'todo a cien') es el origen de gran parte de los males que aquejan a esta profesión: rara vez se ven informaciones propias en la prensa; apenas se pueden leer entrevistas a verdaderos expertos realizadas por especialistas; pocos periodistas tienen la fortuna de cubrir un congreso interesante si no está pagado por la empresa de turno o su agencia de relaciones públicas; es rarísimo ver un reportaje planificado con tiempo que aporte, más allá del dato económico o la mera información de producto, una perspectiva temporal, científica y sociocultural a un hecho noticioso, y son las empresas y administraciones las que marcan, con demasiada frecuencia, el ritmo informativo.

Aquí tiene mucho que ver una cualidad que no es específica de nuestro ámbito, sino un mal generalizado en la profesión: la precariedad laboral e informativa, cuyos síntomas habituales (la falta de profesionalidad, el sensacionalismo encubierto, el 'institucionalismo', la ausencia de tiempo para la propia formación, la competencia salvaje, la 'firmitis' patológica et alia) se
convierten en agudos cuando se intenta abordar temas complejos.

Desde luego, no sirve ser consciente de todas estas limitaciones si no convencemos a los medios de que la calidad tiene un precio y de que en periodismo tampoco funciona la fórmula de "duros a peseta". Pero para darse cuenta de la gravedad de la situación hay que tener, antes, la sinceridad y la valentía de abordar ese debate.

3. Pensar es gratis y productivo

No me resisto a reproducir, animus jocandi, una frase premonitoria que leí hace tiempo en el imprescindible manual de heterodoxia informativa "Suck: Worst-case scenarios in media, culture, advertising, and the Internet", editado por Joey Anuff e ilustrado por el inefable Terry Colon. "El discurso inteligente y razonado es más inusual que los avistamientos de Bill Gates en los comedores de caridad de Seattle".

Esto se puede aplicar a nuestro propio trabajo, y me incluyo, como en todo este artículo, en el mea culpa. Una de las paradojas que más me han chocado en los años (pocos) en los que que he ejercido el periodismo especializado es el aparente desinterés que tenemos en este gremio de freaks o seres extraños por dedicar un tiempo a pensar sobre lo que estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo y, sobre todo, qué podemos mejorar. He asistido a algún que otro evento/aquelarre de plumillas informatizados, pero no he visto apenas debates sobre nuestro campo de especialización, sobre las grandes cuestiones de la cibercultura y su impacto en la sociedad.

También brillan por su ausencia las oportunidades de formación en los medios. Dos de mis fantasías más recurrentes tienen que ver con la protagonista de Matrix (Loaded, Reloaded, Downloaded... en el mundo onírico todo es posible) y con el advenimiento de una nueva era en las empresas informativas donde un redactor no tenga que pedir una excedencia para hacer
un curso de Internet y la formación continua no sea un simple titular, sino una realidad.

La formación, que es (debería ser) un componente básico en la gestión de recursos humanos, es más necesaria en el periodismo tecnológico que el disco de arranque en determinados sistemas operativos. Cuando los medios entiendan esto, lograremos, quizá, sacar otras conclusiones acerca de nuestra labor informativa.

4. Comunicaware, infotainment y otros engendros

Una de las plagas que asolan la prensa es la profusión de gabinetes de comunicación y departamentos de relaciones públicas que, por alguna extraña razón, están convencidos de que, a fuerza de machacar al periodista con comunicados, ruedas de prensa, comidas más o menos pantagruélicas y otras técnicas, acabarán teniendo un hueco para su producto en las páginas de un diario económico o generalista.

Este articulista piensa que el filtro que los medios deberían aplicar a esa cantidad de información --casi siempre comercial, y pocas veces con auténtico valor informativo-- se ha convertido en un coladero. Desde las tribunas infumables de directores de márketing pagadas por sus empresas a los (publi)reportajes sobre tecnología puntera donde la empresa poco menos que anuncia su producto, los periódicos tienden a publicar historias que dejan al lector medianamente informado preguntándose si se puede confirmar en el criterio periodístico de los medios y en su independencia frente a las grandes empresas e instituciones.

Otro de los talones de Aquiles del periodismo hispano tiene que ver con el infotainment, un término nada novedoso que resultará familiar a los aficionados a la teoría crítica de la comunicación de masas (Postman, Chomsky, Schiller, etcétera), y que alude a la venta de entretenimiento como si fuera información, con la excusa de que "no se puede aburrir al lector".

Pues bien, ese empaquetado se ha instalado hoy en el periodismo tecnológico como una contrapartida "amable" y lúdica que los medios convencionales suelen reservar casi siempre para sus publicaciones electrónicas, como un modo de "aligerar" el supuesto rigor de la información económica, social o cultural que cabría esperar de un periódico.

Así, encontramos historias en los medios tradicionales sobre programas de ocio cuyo tratamiento adecuado presupone una capacidad de análisis y comparación que sólo tienen las revistas especializadas de informática. Hallamos, también, historias que, a pesar de tener suficiente potencial como para ser complementadas con claves sociológicas, culturales o tecnológicas, se quedan en un ejercicio de banalidad, sin contestación o asombro
manifiesto por parte de ningún responsable informativo. Y, por supuesto, no hay pudor que valga cuando se trata de hacer más autobombo que Manolo con la selección española de fútbol.

Pero más importante aún que lo que vemos es lo que no vemos en los periódicos: por qué fracasa un proyecto tecnológico, cuánto hay de verdad en una promesa electoral, en un discurso sobre la "sociedad de la información", cuánta gente se beneficia realmente del acceso a las comunicaciones, cómo se invierte el dinero público, de qué manera controlan las empresas el curso de la tecnología, cómo está cambiando nuestro modo de relacionarnos, de pensar, de trabajar, de crear...

Constance Hale, editor de la revista mensual Wired, hace una afirmación en el prólogo del libro de estilo de la publicación que merece la pena copiar-y-pegar, aun a riesgo de que se me acuse de convertir esta reflexión en un casa de citas: "No había nada que respondiera completamente a las cuestiones editoriales que nos planteamos a diario. Así que creamos Wired Style".

Esa constante interrogación, el rechazo a convertirse en meros amplificadores de los mensajes que nos llegan de otras instancias, es la actitud que nos permitirá eludir los tres grandes "ismos" del periodismo tecnológico, reflejo de la prensa en general: el servilismo, el amarillismo y el provincianismo.

Parafraseando y manipulando --deformación profesional-- el eslogan del weblog comunitario Slashdot.org, intentemos hacer "News for _everyone_. Stuff that matters" (Noticias para _todos_. Cosas que importan").

Todos saldremos beneficiados.

* Juan Gonzalo es periodista





Siguiente artículo>>
Quiénes somos | Mapa del sitio | Qué es la eComunicación | Ayuda | Contacta |


93 412 20 64 / 91 353 15 80
Todos los derechos reservados - Aviso legal

info@acceso.com
2008 Accesogroup S.L.