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INTRODUCCIÓN
COBERTURA MEDIÁTICA Y TONO INFORMATIVO:
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OPINIONES DE LOS EXPERTOS
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NOTA DE PRENSA



Opiniones de los expertos

El periodismo global

Autor: Próspero Morán
www.prosperomoran.com



Cuando nos acercamos a un estudio sobre cualquier aspecto relacionado con Internet podemos estar seguros de que van a ser muchas las sorpresas con las que tropecemos. Básicamente, porque nadie garantiza el universo real del muestreo o consulta en que se basa el estudio, la caracterización del universo mencionado o la forma en que se ha procedido a la selección del mismo, ni mucho menos conocemos los perfiles reales de los sujetos que directa o indirectamente hayan sido el motivo de la encuesta/muestreo/consulta/captura alegal de logs.


Hete aquí que sólo aquellos estudios que parten de realidades fácilmente constatables pueden ofrecernos cierta credibilidad en sus resultados, como ocurre en el caso de este estudio sobre la atención que los medios ofrecen a la Red de redes y su entorno económico, técnico o sociológico. Pero… ¿cómo estar seguros de la credibilidad de lo que antes hemos filtrado nosotros de la realidad o han filtrado compañeros nuestros cuyo interés o conocimiento sobre la materia es tan superfluo en ocasiones como la rubia natural de la esquina que siempre nos pide que le hablemos despacio?


En principio, un estudio sobre la cobertura mediática y el tono informativo de las noticias relacionadas con Internet, como el realizado por AccesoMetrix y acceso.com en colaboración con la AUI durante el mes de abril, no debe presentar ninguna dificultad en medir la cantidad de información publicada sobre Internet en la prensa nacional, sus ediciones y suplementos (y medir por tanto su repercusión mediática) ni tampoco en constatar el tono de estas informaciones (positivo, negativo o neutro), aún cuando la caracterización como positiva o negativa de una información sea algo tan subjetivo como imposible de matizar convenientemente en muchos casos si no es abstrayéndose por completo del contexto en que se mueve el encargado o encargados de esta calificación. Igualmente, no debe resultar comprometedor comprobar cuáles son los temas de mayor interés para los medios dentro del tema "Internet" y por tanto, cuáles son los que acaparan mayor número de páginas. Sí lo sería lo que podría aclarar un poco más esa tendencia temática: el proceso de producción real por el que una redacción, sección o diario eligen tal o cual tema, le han asignado en “esa ocasión” constante una extensión determinada y qué ha empujado al responsable de la sección, suplemento o página en cuestión a ponderar más o menos tal o cual despiece, breve o columna complementaria.


Neutro de materia


Las lenguas más viejas de la península (en realidad sólo una, la asturiana) han mantenido una vieja costumbre latina que las demás lenguas romances peninsulares han perdido inopinadamente: el neutro de materia. Consiste tal elemento indeseable en la caracterización como neutro de cualquier adjetivo que se le asocie a un nombre incontable sin permitir como en castellano concordancia de número. La leche estará entonces “frio” y no fría, la juventud “contento” y no contenta, etcétera, etcétera, etcétera.


Y algo así debe ocurrir con la neutralidad que el estudio dice que muestran la mayoría de las noticias cuando su leit-motiv es la Red. A quien suscribe le preocupa particularmente que sólo un miserable uno por ciento tenga connotaciones positivas, entre otras cosas porque cansado de descubrir en cursos de formación ocupacional las beldades de la Red de redes a adolescentes inquietos, prejubilados ociosos, profesionales despistados, albañiles extraña y mayoritariamente cultos o veteranos pero interesadamente modernos, no entiende porque suscita entre los profesionales que más partido pueden y deben sacar de Internet tan escaso entusiasmo.


Y me abruma aún más si cabe que la balanza del escaso optimismo se confronte con las también escasas noticias negativas publicadas, que además están directamente relacionadas con dos noticias que surgieron en el mes objeto de estudio: el fracaso de Info XXI y los malos resultados de Terra.


¿No será que hemos perdido el norte quienes hemos sido tocados por la gracia divina de una nueva sociedad en la que nuestro viejo oficio (no el más pero casi) pasa de ser vilipendiado a eje central de la sociedad, la economía y la cultura? ¿No será que probablemente no estuviéramos preparados como colectivo, profesional, cultural y humano, para que de pronto los hados pusieran en nuestras manos tamaña responsabilidad? Responder a estas preguntas puede añadir en exceso connotaciones “sarcónicas” (esto es, sarcásticas e irónicas a un tiempo) a un liviano análisis que no pretende más que apuntar propuestas de reflexión al quehacer cotidiano de periodistas digitales y tradicionales, pertenezcan a la noble prensa impresa, a la ignorada pero influyente radiofónica, al vertedero televisual creciente o al siempre olvidado lenguaje cinematográfico y, sin embargo, también informativo.


Pero estamos hablando de lenguaje hipertextual y nos estamos olvidando de la esencia: la información. Y esa esencia, como la especia de Arrakis, ha dejado hace tiempo de ser controlada por los Harkonnen, ha vuelto hace tiempo a las manos a las que pertenecía, las de los Fremen, moradores del desierto informativo en que nos ha sumido la desidia y la falta de cabeza y perspectiva de una clase económica dominante empecinada únicamente en vender una globalización que ni entienden ni practican más que convertida en un sucedáneo de la esclavización laboral propia del más oscuro XIX.


Hace tiempo ya que poníamos de manifiesto la existencia en el ámbito periodístico, en su relación cotidiana con Internet, de “El otro lado”. Y recordábamos con regocijo cómo se estremecía la tan cacareada credibilidad de medios de comunicación tradicionales que hace tiempo que no contrastan las fuentes y se columpian anunciando como verídica una pirueta humorística de activismo político anarquista tan llamativa como la que protagonizaba en Septiembre de 2002 el denominado “Progress”, un partido inexistente que había conseguido convencer a media Europa periodística (seria y rigurosa, contrastadora de fuentes y de caminos y de canales) de que era verídica la intención de su página web, donde se proponía al electorado alemán comprar su voto a cambio de 10 euros para los comicios legislativos del domingo, bajo el lema “Gane dinero con su voto”.


Y ese otro lado es el responsable de que en las huestes del Imperio nadie se de por aludido pese al vocerío que se alza en derredor. En la “Nueva Econosuya” parecemos haber superado aquella primera fase, en la que los poderes establecidos se hartaron de difundir rumores inconsistentes sobre el peligro de hacer caso a lo que aparecía en la Red, ante la indefensión de quien leía para confirmar la procedencia de la noticia o, incluso, la personalidad de quien decía firmar la información, de quien hacía el papel periodístico de intermediario entre la fuente y el lector. Pero parece que esa fase ha sido ya superada, toda vez que el mundo real se ha contagiado por completo de los males del virtual, superando no su virtud, sino sus defectos. La moda de que las entrevistas sean hechas por imitadores de periodistas, o de que periodistas televisivos pongan al descubierto vergüenzas varias haciéndose pasar por quienes no son, pondrá sin duda pronto en alerta a todo famoso o ciudadano normal sobre la conveniencia de no fiarse ni de su padre, y mucho menos de un representante de los medios. Algo que cualquier usuario de Internet, formado e informado, sabe desde hace tiempo y tiene muy en cuenta. No vaya a ser que la jovencita rubia de 18 primaveras con la que se cree chateando se convierta en un fornido leñador de 40 con problemas psiquiátricos.


La etapa evangelizadora


Pese a todo, el remate a la jugada lo pone un hecho que se alarga innecesariamente en el tiempo y cuya extensión no sólo es temporal, sino también espacial, con lo caro que se nos antoja el papel de prensa, el magazine radiofónico y el minuto televisivo. En este estudio sobre la cobertura mediática y el tono informativo de las noticias relacionadas con Internet, realizado por AccesoMetrix y acceso.com en colaboración con la AUI, se destaca claramente el predominio del tipo de informaciones sobre aplicaciones prácticas de Internet, tales como la televisión por Internet, el control por Internet de necesidades de la red de cajeros o de máquinas expendedoras, la gestión electrónica de documentos, servicios tan obvios como la atención pediátrica online y un largo etcétera de obviedades que pertenecen a la mitología cibernética. Seguimos dando como noticia la mordedura de gato por perro rabioso, como si eso resultara de interés real y tuviera algo que ver con la necesidad informativa de quien vive en o para el mundo digital. Una necesidad que ni tan siquiera comparten ya los menos iniciados que saben con precisión meridiana usar un buscador como Google con más eficacia en ocasiones que el becario/colaborador/castigado/desplazado periodista al que le ha tocado en suerte cubrir el espacio inferior derecho de la columna de breves con que se debe completar el suplemento tecnológico de rigor.


El problema como siempre tiene que ver con la credibilidad digital y con la periodística tradicional, con la credibilidad a secas. En una época en que todo el mundo está al(i)erta (sobremanera tras el anuncio un día de San Juan de 2003 del despido de un 40% de la plantilla de un lugar donde las viejas historias contaban que trabajaban muchas señoras a quienes llamaban Matildes), la credibilidad justamente no es digital o tradicional, ni blanca ni negra. Y por desgracia se ausenta alegremente de todos los ámbitos. Aunque no quepa duda de que es la única herramienta a que podrán acudir los negocios virtuales si quieren sobrevivir. Decíamos no ha mucho que “si hay algo tan cierto como que la Tierra gira alrededor del Sol es que la Red dificulta ocultar las faltas de credibilidad que antaño se olvidaban con el tiempo y que ahora pueden ser recordadas por cualquier interesado o por la caché de Google y otros servicios similares. La hemeroteca de Alejandría es ya una realidad, para desgracia de algunos y suerte de todos los demás, que podemos recordar los errores de nuestros interlocutores y saber con quién tratamos”.


Aunque el problema es que, en lo esencial, los periodistas tratamos con nosotros mismos y, últimamente, todos los demás han decidido que para eso se hacen periodistas ellos. El periodismo ha muerto, al menos tal como lo hemos concebido hasta ahora, porque sólo puede conducirnos a la muerte tamañana vulgaridad: el hecho cierto de que todos somos periodistas. Y cada vez que sondeamos esa defunción nos encontramos con realidades no deseadas, pero ciertas. Para Josep Maria Casasús, la posición más cómoda en el debate sobre los géneros periodísticos es precisamente la de negar, sin más, su vigencia. De ahí que afirme que lo más fácil es negar los géneros de manera rutinaria, espontánea, improvisada, dogmática y superficial. Y , al contrario de quienes opinan que los géneros han muerto, Casasús, piensa que se transforman y evolucionan. ¿Pero que mejor forma de (r)evolución hay que la muerte del Rey que da paso a un nuevo vástago, ansioso por reandar el camino dejado atrás.


José Javier Muñoz define los géneros periodísticos como las "diversas modalidades de creación lingüística que se caracterizan por acomodar su estructura a la difusión de noticias y opiniones a través de los medios de comunicación social". Y a mi me gustaría definir al periodismo digital como las “diversas modalidades de creación hipertextual que se caracterizan por acomodar su estructura a la difusión de noticias y opiniones a través de Internet”, modalidades que van del diario digital volcado del impreso al weblog más innovador, sin olvidarse de los cientos de modelos que caminan entre uno y otro en busca del éxito. Y todos ellos están al alcance de cualquier profesional, de cualquier ciudadano, como han comenzado a descubrir por el mundo. Enormemente reveladores son ejemplos como el reciente caso de OhMyNews, en Corea del Sur, o Ja-Jan, en Japón, dos periódicos asiáticos que convierten a los lectores en resporteros on-line, permitiéndoles remitir las informaciones, para que luego sea la redacción quien las analice y complete, si fuera menester.


El impulsor de OhMyNews, el periodista Oh Yeon-Ho, lo tiene bien claro: "Cada lector, cada ciudadano, es un reportero. La mayor parte de los contenidos de la publicación son remitidos por los lectores y, posteriormente, la redacción analiza, selecciona, completa y presenta las informaciones. Más de 20.000 reporteros voluntarios colaboran fluidamente con el diario". Tal vez el periodismo no haya muerto, pero bien lo parece. Aunque en realidad lo que ocurre es simplemente que todos somos periodistas (o podemos serlo si nos apetece, que mal que nos pese a los profesionales es casi lo mismo).


En una información de Wired, titulada Sea periodista con sólo registrarse online Oh Yeon-ho intentaba decirlo más alto, más claro, más obvio: "Con OhmyNews queríamos decirle adiós al periodismo del siglo XX, donde la gente sólo podía ver las cosas a través de la mirada conservadora de los medios establecidos (...) Nuestro concepto central es que todo ciudadano puede ser periodista. Publicamos todo y la gente puede juzgar por sí misma qué es verdad y qué no". Algunos prefieren llamarlo “el periodista universal”, pero cierta reminiscencia cinematográfica odiosa y la animadversión hacia el protagonista de la misma, soldado por más señas en la ficción del celuloide, me hacen preferir denominarlo “el periodista global”, que incluye además otros matices ciertos y enriquecedores, que tiempo habrá en otra ocasión de referir.





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